Capítulo I
Voy andando por la calle
Hay un agujero profundo en la acera
Me caigo
Estoy perdida…
No sé qué hacer
No es culpa mía.
Tardo siglos en salir.
Capítulo II
Voy por la misma calle
Hay un agujero profundo en la acera.
Hago como que no lo veo
Me vuelvo a caer.
No puedo creer que me haya caído en el mismo sitio.
Pero no es culpa mía.
Tardo bastante tiempo en salir.
Capítulo III
Voy por la misma calle
Hay un agujero profundo en la acera.
Veo que está ahí
Me caigo…
Es una rutina, pero tengo los ojos bien abiertos.
Sé dónde estoy
Es culpa mía
Salgo rápidamente.
Capítulo IV
Voy por la misma calle
Hay un agujero profundo en la acera.
Lo esquivo.
Capítulo V
Voy caminando por una calle distinta.
Fuente: Poema Autobiografía en cinco capítulos de Portia Nelson, en El libro tibetano de la vida y de la muerte de Soyal Rinpoché. Ed. Urano 2006.
martes, 12 de septiembre de 2017
El Cuento Del Medallón
El monarca tenía un ánimo muy
cambiante y pasaba con facilidad de la
euforia a la depresión, de la exaltación al abatimiento, del encanto al
desencanto.
Cuando la cosecha del reino era abundante, se sentía pletórico y
exultante, pero cuando era escasa, se notaba insuperablemente melancólico y sin ganas de vivir. Siempre
estaba en extremados estados de ánimo, con altibajos emocionales qué, incluso,
a él mismo le avergonzaban, pues consideraba que no eran propios de un monarca
equilibrado.
Tan desesperado estaba por sus altibajos anímicos que hizo una
proclama pública:
“Aquel artesano que proporcione
al rey un medallón que pueda servirle de consuelo y procurarle equilibrio, será
recompensado con creces”.
Todos los artesanos del reino se apresuraron
a preparar medallones de las más
variadas formas, pero ninguno le reportaba sosiego al espíritu del monarca.
Un día se presentó en la corte un artesano de
otro reino y le entregó un medallón al monarca. El rey lo miró detenidamente,
sólo por un lado, y no encontró en el mismo nada que mereciera especial
atención. Indignado, dijo:
-¿Es que pretendes tomarme el
pelo, extranjero? No veo nada de especial en este medallón y te haré ahorcar si
tus intenciones son burlarte de mí.
-En absoluto, majestad. Me temo
que no ha observado el medallón por el otro lado. Ruego a su majestad que tenga
a bien hacerlo y le aseguro que, si observa lo que ahí se indica, no volverá a
padecer desequilibrios de ánimo.
El rey dio la vuelta al medallón
y leyó para sí la inscripción que había en ese lado del medallón y que rezaba:
“Porque hay abundancia, hay
escasez; porque hay escasez, hay abundancia. Pero una y otra pasan, incluso el
estado de ánimo de su majestad”.
Gracias a ese recordatorio el
monarca equilibró sus estados de ánimo. Todas las noches leía la sabia
inscripción y lograba conciliar un sueño profundo y reparador.
martes, 15 de agosto de 2017
La fuente de la miseria humana
Fue una de las más grandes tragedias que se hayan visto.
Ellos fueron encarcelados por un crimen que no cometieron. Sus captores no
revelaron cuál era el supuesto crimen, pero de cualquier modo los mantenían
presos. Les eran cubiertas sus necesidades básicas, pero sus vidas eran un
infierno. Casi todos los momentos de cada día eran atormentados y maltratados.
Eran insultados constantemente y se les decía que eran unos buenos para nada.
Estaban llenos de preocupaciones y de miedos acerca de
cualquier cosa y de todo. Eran victimizados y se les daban tantos mensajes
cruzados que se volvieron inseguros de quienes eran y de lo que podían lograr.
A algunos de ellos se les aislaba de los demás, mientras a otros se les
mantenía en mala compañía, con aquellos quienes constantemente los presionaban.
Algunos querían morir. Algunos se mantenían luchando con la vida. Todos eran
mantenidos en algún grado de cautiverio.
Eran constantemente criticados acerca de lo que hacían. Se
les hacía sentir pésimo cada vez que cometían una equivocación. Se les mantenía
alejados de todo lo que habían querido siempre. Su decepción y desesperanza
crecía cada día. Ellos se auto compadecían y lanzaban su frustración unos a
otros. Mientras tanto, sus captores empeoraban las cosas y los prisioneros solo
se preguntaban si esto terminaría alguna vez. Estaban sobrecargados por todo lo
que eran forzados a hacer. Sufrían y estaban desamparados.
Se les concedían momentos de "libertad", pero no
era libertad realmente. Muy dentro de ellos, sabían que tendrían que soportar
el dolor que pronto sus captores les infligirían nuevamente, y el alivio
temporal no significaba nada. Ellos sufrían la mayor parte del tiempo. Su salud
decaía por el maltrato. Muchos de ellos no podían ni dormir. Sus vidas estaban
privadas del significado que alguna vez habían tenido. Caminaban deprimidos,
ansiosos, temerosos y frustrados de todo. Anhelaban la libertad.
Así que, ¿Quiénes eran ellos?, ¿Quiénes eran sus captores?
'Ellos' eran la raza humana, y sus captores eran sus mentes.
Desde tu
nacimiento, has aprendido maneras habituales de pensar, sentir y comportarte. Muchos de estos hábitos te
aprisionan en la infelicidad, la soledad, la auto duda, la auto conmiseración y
el odio. Estos a su vez, afectan tu salud, tus relaciones y tu vida.
Todos queremos ser felices, ¿No es así? Todos queremos tener
una existencia significativa. Todos queremos sentirnos conectados a alguien, a
algo. Todos queremos compartir nuestras vidas con nuestros seres amados.
Queremos vivir nuestras vidas con la libertad de hacer lo que queremos.
En algún punto en el pasado, fuiste puesto en esta Tierra.
Tú naciste. En algún punto en el futuro, serás tomado de esta tierra. Tú
morirás. Tal vez vayas al cielo, tal vez renacerás a una nueva vida, o tal vez
no haya nada después de esta vida.
Como sea, el reloj sigue avanzando. No puedes retener cada
momento que pasa.
Tienes una cierta cantidad de tiempo en la vida que ahora
estás viviendo. Esta vida involucra muchos momentos de triunfo y deleite,
tristeza y desesperación. Te guiará hacia tiempos de oscuridad y hacia tiempos
más brillantes. Te toparás con oportunidades y problemas. Esta es tu vida.
Te encontrarás con ciertos personajes a lo largo del camino.
Estos personajes te acompañarán en tiempos diferentes. Estarán aquellos que te
aman, aquellos que gustan de ti, aquellos a quienes no les gustes, y aquellos a
los que no les importes. Algunas veces te tratarán bien, y otras veces te
tratarán mal. Algunas veces entrarán en tu vida y otras veces saldrán de ella.
Algunas veces serán objeto de tu incontrolable e imperecedero amor, y a veces
de cruel y devastador quebranto de corazón. Esta es tu vida.
Tú experimentarás muchos eventos durante tu estancia aquí.
Algunos serán buenos y otros malos. Todos te enseñarán. Aprenderás muchas
cosas. Algunas te serán útiles y otras no lo serán. Olvidarás muchas cosas;
algunas serán importantes y otras no lo serán. Algunas veces fracasarás.
Algunas veces tendrás éxito. Algunas personas nacerán con suerte, algunas sin
ella. Tendrás momentos de esperanza y felicidad, y momentos de decepción y
devastación. Esta es tu vida.
Estas se levantan como verdades inevitables de la vida.
Mientras vives en este planeta tienes una opción primordial. Esta opción se
reduce simplemente a esto: ¿Cómo quieres vivir?
Algunos viven libres, algunos no. Para mí, vivir libremente
significa vivir felizmente, ser exitoso, conectándote maravillosamente con
otros y haciendo una diferencia real en el mundo. Para mí, el ser feliz se
trata de crear en nosotros mismos de manera regular, buenos sentimientos y
sensaciones, de manera que podamos disfrutar más lo que hacemos, y pensar en
maneras más positivas y útiles. Para mí, ser exitoso se trata de lograr
cualesquiera metas que nos hayamos establecido, sean estas materiales, espirituales,
o simplemente el vivir una mejor vida. Para mí, conectar maravillosamente con
otros se trata de manifestar relaciones y amistades con las personas que nos
rodean, ayudándolos a sentirse felices y exitosos también. Para mí, hacer una
diferencia real en el mundo, se trata de crear, desarrollar, mejorar o refinar
algo, que tendrá un efecto positivo en el mundo.
Las verdades de la vida ocurrirán para todos una y otra vez
de la misma manera. La verdadera pregunta otra vez es: ¿Cómo vivirás? Hasta este
mismo momento en que lees esta oración, ¿Cómo has estado viviendo? ¿Te has
estado sintiendo feliz y alegre la mayor parte del tiempo? ¿Has estado haciendo
lo que te gusta hacer de un modo que lo disfrutas? ¿Has hecho relaciones
significativas, y has conectado con la gente? ¿Has hecho una diferencia real en
el mundo que te rodea?
Los seres humanos hemos logrado milagros. Considera todos
los inventos a lo largo de los siglos. Comenzamos solo con recursos naturales y
ahora hemos construido un mundo virtual. Hemos logrado crear cosas maravillosas
con los elementos esenciales más sencillos. Tú solo tienes que detenerte a
observar todo lo que podemos hacer ahora, que hace 150 años no podíamos hacer.
Todos estos asombrosos inventos comenzaron en la mente de seres humanos. Con
todo, la única máquina que poseemos, y que hasta ahora hemos fracasado en
manejar con maestría, son nuestras propias mentes. Todo el progreso de la
humanidad está basado en la satisfacción de nuestras necesidades, y en nuestro
enfoque de ser más felices y exitosos. El tipo de progreso que ofrecemos aquí,
es un progreso inherente a aprender a utilizar nuestras mentes con maestría.
Todos queremos liberarnos de nuestros problemas. Todos
queremos sentir y experimentar Amor que perdure incondicionalmente y para
siempre. Todos queremos vivir nuestras vidas tan bien como podamos y ser tan
felices como podamos.
Tú tienes el mismo número de problemas en tu vida ya sea que
estés feliz y contento, o triste y miserable. La diferencia radica en qué tan
libre te encuentres de ser afectado negativamente por esos problemas. El tipo
de personas con las que te encuentras son ellas mismas, ya sea que estés
construyendo relaciones exitosas ó destruyendo relaciones. Cuando te encuentras
espiritualmente fascinado y libre, siguen sucediendo tanto cosas buenas como
malas en el mundo. Tu opción es el ser libre en este mundo sin importar las
circunstancias, o el ser sobrecargado por los problemas y aprisionarte en una
dolorosa tortura en los aposentos de tu propia mente.
La fuente de la miseria humana está en la manera en que
hemos aprendido a limitarnos a través de nuestras mentes. Es la manera en que
aprendimos a pensar acerca de nosotros mismos y a tratarnos a nosotros mismos y
a los demás. Ser libres de esta miseria incluye el retomar el control sobre
nuestras mentes nuevamente y elegir la alegría sobre la miseria, la libertad
sobre las cadenas que nos limitan, y el amor por encima del odio y el miedo que
nos sofocan. Es entonces que descubriremos la verdadera fuente de la felicidad
humana.
La libertad no solo es un ideal que todos perseguimos... es
todo lo que podamos ser. No es miedo, tristeza, soledad, desesperación, pena,
decepción, ira o dolor. La libertad es esperanza. Es sabiduría. Es felicidad.
Es iluminación. Es amistad. Es humor. Más que todo, es amor.
Mucha gente se esfuerza constantemente en mejorar su vida.
Sea que estés deprimido o muy estresado, temeroso o atascado en una zanja,
incierto de qué camino tomar en tu vida, o simplemente buscando sobresalir en
un área de tu vida, esencialmente todos estamos en el mismo viaje. Todos
queremos hacer las cosas mejor, ser aún mejores, y sentirnos aún más felices.
Piensa en este curso como una guía. Puedes utilizarlo para
explorar la aventura de la vida y saber cómo manejar esta aventura más
exitosamente. Aprenderás sobre cambio y transformación.
Aprenderás cómo manejar
tu cerebro de la manera más efectiva. En este curso se discutirá el significado
de lo que es vivir, el logro de la felicidad y el éxito. Te indicará los pasos
para mejorar tus relaciones, hacer más amistades y a comunicarte de manera más
influyente en tu vida. Te capacitará para manejar tu tiempo con maestría,
relajarte donde solías estar estresado, y a motivarte. Te dará las claves para
superar la mayoría de los problemas que enfrentas en tu vida y te ofrecerá una
poderosa perspectiva y comprensión transformadora de la espiritualidad y tu
conexión con el universo.
¿No sería agradable aprender a poner más sonrisas en más
caras, poner más felicidad en más corazones y hacer una contribución que eleve
la calidad de vida para otros en el mundo?
Permítenos ayudarte a entender algunas cosas de las que
nunca antes te habías dado cuenta. Permítenos tomar toda tu perspectiva sobre
la vida, y cambiarla, de manera que comiences a utilizar tu cerebro y tu
cuerpo, y a vivir tu vida de una manera que te permita experimentar más amor,
más libertad, más felicidad.
Muchas de las ideas que yacen dentro de los ejercicios de
este curso vienen de la tecnología humana conocida como Programación Neuro
Lingüística (PNL).
Extracto del libro "Conversaciones" de Richard Bandler
jueves, 15 de junio de 2017
La leyenda de los 4 elementos
Antes del
principio, el Creador de todas las cosas, el Hacedor-Arquitecto, el Dios de la
Vida, decidió expandirse más allá de sí mismo para hacerse más sabio y más
bello; fue entonces cuando emprendió la tarea de crear todo lo conocido y todo
lo que aún no conocemos.
Y así fue que
estiró su mano hacia el SUR, que es la dirección que marca el crecimiento y la
fructificación, y de allí tomó AGUA y dijo: -"este es el elemento del que
surge la vida, que lava y refresca, que hace crecer y da vitalidad; es el
elemento que contiene las formas bellas, la emociones y los
sentimientos..." Y asoció el Agua con lo femenino.
Luego estiró
su mano hacia el NORTE, dirección de la renovación, del conocimiento y la
sabiduría, tomó AIRE y dijo: -"este es el elemento del aliento, de la
palabra y de la música, de la luz, el color y el perfume; es el elemento que
contiene los pensamientos, las ideas y la creatividad; en él está la fuerza de
la razón..." Y asoció el Aire con lo masculino.
Más tarde tendió
su mano hacia el ESTE, dirección de lo nuevo, de los comienzos, del nacimiento,
y de allí tomo FUEGO y dijo:- "este es el elemento de la iluminación y el
esclarecimiento, de la purificación y de la fuerza de la vida, de la salud; él
es el que contiene el poder de la fuerza espiritual, es la energía, la pasión y
la acción..." Y vio que el Fuego también era masculino.
Por último,
Dios llevó su mano hacia el OESTE, que es la dirección de la madurez, de la
cosecha y de las recompensas, y de allí tomó TIERRA y dijo:- "este es el
elemento de lo interior, de lo misterioso y lo secreto, de lo que muere para
nacer; en ella las formas se han hecho materia, y contiene en sí la belleza del
cambio y de lo dinámico como parte de la vida..." Y vio que esto también
era femenino.
Luego el Gran
Hacedor, con los cuatro elementos en las manos, comenzó a combinarlos creando
así todo lo que existe y en orden de importancia, primero las formas más
simples y creciendo así hacia lo más complejo. Y una vez concluida la creación,
la puso en movimiento y comenzó a evolucionar, a crecer... y cosas nuevas
surgieron de la creación, porque esta tenía vida, y Dios fue feliz porque con
cada movimiento nuevo de la creación él mismo se renovaba, puesto que él es la
creación.
Fue entonces
que decidió hacer una especie consciente de sí misma y con la capacidad de
colaborar con la Gran Obra Creativa del Universo. Se trataba del Ser Humano.
Así probó
hacerlo con dos de los elementos, tierra y agua, amasando el barro con el que
les diera forma; estos primeros seres eran torpes, sin vitalidad, inertes. Por
ello es que decidió incorporar un tercer elemento que les diera el espíritu de
la vida, el fuego.
Pero estos
seres también estaban incompletos, no podían crecer ni reconocer en ellos al
Creador, por lo que no comprendían para qué habían sido creados, carecían de
alma. Así es que incorporó un cuarto elemento a la creación, el aire.
La creación
más sentida hasta ese momento había sido el maíz, el alimento de los dioses. Y
amó al ser humano como al maíz, el hombre fue como la carne del maíz. Y al
soplar sobre él, el ser humano se esparció por la tierra, como granos de maíz
volando al viento.
Repartió sus
semillas por las cuatro direcciones de la Tierra: los granos blancos cayeron en
las regiones frías del Norte dando lugar a los pueblos de piel blanca; los
granos de mazorca oscura volaron hacia el Sur haciendo brotar a los pueblos de
piel negra; los que volaron hacia el sol naciente, hacia el Este, fueron los
granos más soleados, los más amarillos, nacieron entonces los pueblos
orientales; mientras que los maduros granos rojos fueron hacia el Oeste, hacia
América donde nacieron todas las Naciones Indígenas.
Dios habla en
lo dinámico, en el cambio, así las cuatro grandes naciones-madre con sus modos
diversos de relacionarse con la Tierra, cada cual con su propia cultura,
comenzaron a caminar la Tierra, a encontrarse, y a mezclarse, a crear nuevos
colores con los que pintar el Mundo.
De las cuatro
direcciones de donde Dios extrajo los elementos primordiales, de los cuatro
puntos cardinales, de esa unión, surgió la más sublime y hermosa de las
combinaciones: el Espíritu Humano.
Pero los
primeros hombres que poseyeron ese espíritu humano se creyeron superiores,
creciendo dentro suyo un orgullo desmedido, sintieron que podían dominar la
tierra, no solo vivir de ella, sabiendo lo perfecto de la creación, olvidaron
la humildad y el respeto con que hay que tratarla, y entonces fueron, egoístas
y crueles, dando mal uso a los poderes de la Naturaleza y dejando de escuchar
la voz de ella, pues se sentían más importantes que ella, y al instalarse en
ciudades y dejar de buscar nuevos caminos dejaron también de escuchar a Dios.
Entonces Dios
vio que el ser humano aún no estaba preparado para tener un espíritu tan noble,
pero como también lo amaba puesto que era la parte más hermosa de toda la
creación, estableció una dificultad para que sólo aquellos que la resolvieran
tuvieran acceso al espíritu y así pudiesen llegar hasta él, hasta Dios.
El Señor de
la Creación se metió dentro del espíritu humano y se escondió en lo más
profundo de cada ser, de cada hombre y cada mujer. Pero cuando los seres
humanos intentaban encontrar su espíritu en lo interior (rezando o meditando)
Dios mismo desde el fondo les susurraba sus propios errores para que no
volvieran a cometerlos; entonces los seres humanos sentían mucha vergüenza y
tenían miedo de Dios. Por eso es que nos cuesta tanto la soledad y el silencio
interior.
Fue así que
Dios, que no quería que le tuvieran miedo sino que lo amaran porque él mismo
los amaba, dio una pista para resolver la dificultad del espíritu, y dijo:
-"Que cada ser humano busque dentro suyo los elementos con los que fue
creado, que sepa qué tiene de agua, qué tienen de aire, qué de fuego y qué de
tierra, que distinga lo que hay de femenino y lo que hay de masculino en su
propio ser. Si sigue con respeto los pasos de la creación, entonces encontrará
su espíritu y así llegará hasta mí..."
Y dijo
además: -"Cuando todos los seres humanos encuentren dentro suyo los cuatro
elementos primordiales, serán verdaderos guerreros, nobles y puros, y toda la
creación estará en armonía, y ellos podrán colaborar con la creación en lugar
de destruirla..."
miércoles, 11 de enero de 2017
Cuento del Ermitaño
Se cuenta lo siguiente de un viejo anacoreta o ermitaño, es decir, una de esas personas que por amor a Dios se refugian en la soledad del desierto, del bosque o de las montañas para solamente dedicarse a la oración y a la penitencia.
Se quejaba muchas veces que tenía demasiado quehacer.
La gente preguntó cómo era eso de que en la soledad estuviera con tanto trabajo.
Les contestó:
"Tengo que domar a dos halcones,
entrenar a dos águilas,
mantener quietos a dos conejos,
vigilar una serpiente,
cargar un asno y
someter a un león".
No vemos ningún animal cerca de la cueva donde vives.
¿Dónde están todos estos animales?
Entonces el ermitaño dio una explicación que todos comprendieron.
Porque estos animales los tienen todos los hombres, ustedes también.
Los dos halcones, se lanzan sobre todo lo que se les presenta, bueno y malo.
Tengo que domarlos para que sólo se lanzan sobre una presa buena,
son mis ojos.
Las dos águilas con sus garras hieren y destrozan.
Tengo que entrenarlas para que sólo se pongan al servicio y ayuden sin herir,
son mis dos manos.
Y los conejos quieren ir adonde les plazca, huir de los demás y esquivar las cosas difíciles.
Tengo que enseñarles a estar quietos aunque haya un sufrimiento, un problema o cualquier cosa que no me gusta,
son mis dos pies.
Lo más difícil es vigilar la serpiente aunque se encuentra encerrada en una jaula de 32 varillas.
Siempre está lista por morder y envenenar a los que la rodean apenas se abre la jaula, si no la vigilo de cerca, hace daño,
es mi lengua.
El burro es muy obstinado, no quiere cumplir con su deber.
Pretende estar cansado y no quiere llevar su carga de cada día,
es mi cuerpo.
Finalmente necesito domar al león, quiere ser el rey, quiere ser siempre el primero, es vanidoso y orgulloso,
es mi corazón.
Se quejaba muchas veces que tenía demasiado quehacer.
La gente preguntó cómo era eso de que en la soledad estuviera con tanto trabajo.
Les contestó:
"Tengo que domar a dos halcones,
entrenar a dos águilas,
mantener quietos a dos conejos,
vigilar una serpiente,
cargar un asno y
someter a un león".
No vemos ningún animal cerca de la cueva donde vives.
¿Dónde están todos estos animales?
Entonces el ermitaño dio una explicación que todos comprendieron.
Porque estos animales los tienen todos los hombres, ustedes también.
Los dos halcones, se lanzan sobre todo lo que se les presenta, bueno y malo.
Tengo que domarlos para que sólo se lanzan sobre una presa buena,
son mis ojos.
Las dos águilas con sus garras hieren y destrozan.
Tengo que entrenarlas para que sólo se pongan al servicio y ayuden sin herir,
son mis dos manos.
Y los conejos quieren ir adonde les plazca, huir de los demás y esquivar las cosas difíciles.
Tengo que enseñarles a estar quietos aunque haya un sufrimiento, un problema o cualquier cosa que no me gusta,
son mis dos pies.
Lo más difícil es vigilar la serpiente aunque se encuentra encerrada en una jaula de 32 varillas.
Siempre está lista por morder y envenenar a los que la rodean apenas se abre la jaula, si no la vigilo de cerca, hace daño,
es mi lengua.
El burro es muy obstinado, no quiere cumplir con su deber.
Pretende estar cansado y no quiere llevar su carga de cada día,
es mi cuerpo.
Finalmente necesito domar al león, quiere ser el rey, quiere ser siempre el primero, es vanidoso y orgulloso,
es mi corazón.
miércoles, 4 de enero de 2017
Cuento del anillo
Un día un sabio maestro recibió la visita de un joven que se dirigió a él para pedirle consejo:
— Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro sin mirarlo, le dijo:
— Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después... y haciendo una pausa agregó: — si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este problema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
— E... encantado, maestro— titubeó el joven, pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas.
—Bien— asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño y al dárselo al muchacho, agregó:
— Toma el caballo que está allá afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Ve y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas. El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes, quienes lo miraban con algún interés.
Pero les bastaba el escuchar el precio del anillo; cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y solo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. Alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta.
¡Cuánto hubiera deseado el joven tener esa moneda de oro! Podría entonces habérsela entregado él mismo al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda. Triste, subió a su caballo y volvió a donde el maestro se encontraba:
— Maestro -dijo- lo siento, no se puede conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera obtener dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
— Qué importante lo que has dicho, joven amigo —contestó sonriente el maestro—. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuanto te da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo. El joven volvió a cabalgar.
El joyero examinó el anillo a la luz del candil con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
— Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.
— ¡58 MONEDAS! — exclamó el joven.
— Sí, -replicó el joyero— yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé... si la venta es urgente...
El joven corrió emocionado a la casa del maestro a contarle lo sucedido.
— Siéntate —dijo el maestro después de escucharlo— Tú eres como este anillo: Una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
— Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro sin mirarlo, le dijo:
— Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después... y haciendo una pausa agregó: — si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este problema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
— E... encantado, maestro— titubeó el joven, pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas.
—Bien— asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño y al dárselo al muchacho, agregó:
— Toma el caballo que está allá afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Ve y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas. El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes, quienes lo miraban con algún interés.
Pero les bastaba el escuchar el precio del anillo; cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y solo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. Alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta.
¡Cuánto hubiera deseado el joven tener esa moneda de oro! Podría entonces habérsela entregado él mismo al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda. Triste, subió a su caballo y volvió a donde el maestro se encontraba:
— Maestro -dijo- lo siento, no se puede conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera obtener dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
— Qué importante lo que has dicho, joven amigo —contestó sonriente el maestro—. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuanto te da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo. El joven volvió a cabalgar.
El joyero examinó el anillo a la luz del candil con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
— Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.
— ¡58 MONEDAS! — exclamó el joven.
— Sí, -replicó el joyero— yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé... si la venta es urgente...
El joven corrió emocionado a la casa del maestro a contarle lo sucedido.
— Siéntate —dijo el maestro después de escucharlo— Tú eres como este anillo: Una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
domingo, 13 de noviembre de 2016
EL VIEJO VIOLIN
Estaba maltratado y marcado de cicatrices, y aunque pensó que no valdría la pena malgastar tanto tiempo con el viejo violín, el subastador lo sostuvo en alto, sonriendo.
«¿Qué me ofrecéis, amigos?»—preguntó—.
«¿Quién quiere empezar las ofertas?».
«Un dólar, un dólar...»
y después, ¡dos! ¿Sólo dos?.
«Dos dólares, ¿quién me da tres?».
«Tres dólares, a la una; tres dólares, a las dos; a las...»
Pero no, desde el fondo del salón, un hombre de pelo gris se adelantó a tomar el arco y, después de sacudir el polvo del viejo instrumento y volver a tensarle las cuerdas, tocó una melodía tan dulce y tan pura como las canciones que cantan los ángeles.
Terminada la melodía, el subastador, en voz baja y grave, volvió a preguntar;
«¿Cuánto me ofrecéis por el viejo violín?»
Y levantó el violín y el arco.
«Mil dólares, ¿quién ofrece dos?,
¡Dos mil, a la una! ¿Quién ofrece tres?.
Tres mil, a la una; tres mil, a las dos, y tres mil;
a las tres, ¡adjudicado!», concluyó.
La gente aplaudía, aunque algunos lloraban:
«No entendemos bien qué fue lo que cambió su valor», preguntaban, y la respuesta fue rápida:
«El toque de una mano maestra».
De ese modo más de un hombre de vida desafinada, marcado por los golpes y cicatrices del destino, como al viejo violín, se lo ofertan barato a los indiferentes, por un plato de sopa, por un vaso de vino; y hecha la jugada, sigue su camino.
«Adjudicado» una vez, y «adjudicado» la segunda, «Adjudicado», y casi «está vendido».
Pero llega el "maestro", y la multitud estúpida jamás alcanza a entender del todo cuál es el valor de un alma, ni el cambio que opera el toque de la mano del "maestro".
«¿Qué me ofrecéis, amigos?»—preguntó—.
«¿Quién quiere empezar las ofertas?».
«Un dólar, un dólar...»
y después, ¡dos! ¿Sólo dos?.
«Dos dólares, ¿quién me da tres?».
«Tres dólares, a la una; tres dólares, a las dos; a las...»
Pero no, desde el fondo del salón, un hombre de pelo gris se adelantó a tomar el arco y, después de sacudir el polvo del viejo instrumento y volver a tensarle las cuerdas, tocó una melodía tan dulce y tan pura como las canciones que cantan los ángeles.
Terminada la melodía, el subastador, en voz baja y grave, volvió a preguntar;
«¿Cuánto me ofrecéis por el viejo violín?»
Y levantó el violín y el arco.
«Mil dólares, ¿quién ofrece dos?,
¡Dos mil, a la una! ¿Quién ofrece tres?.
Tres mil, a la una; tres mil, a las dos, y tres mil;
a las tres, ¡adjudicado!», concluyó.
La gente aplaudía, aunque algunos lloraban:
«No entendemos bien qué fue lo que cambió su valor», preguntaban, y la respuesta fue rápida:
«El toque de una mano maestra».
De ese modo más de un hombre de vida desafinada, marcado por los golpes y cicatrices del destino, como al viejo violín, se lo ofertan barato a los indiferentes, por un plato de sopa, por un vaso de vino; y hecha la jugada, sigue su camino.
«Adjudicado» una vez, y «adjudicado» la segunda, «Adjudicado», y casi «está vendido».
Pero llega el "maestro", y la multitud estúpida jamás alcanza a entender del todo cuál es el valor de un alma, ni el cambio que opera el toque de la mano del "maestro".
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